Por Marisa Díez

Lo cierto es que me costó decidirme. Cuando un poco antes de las navidades elegí una de las opciones para la dichosa reforma, nunca imaginé que me iba a proporcionar tantos quebraderos de cabeza. Tuve que estudiar multitud de ofertas y, aunque algunas eran muy similares, una pequeña variación en los materiales provocaba que los precios oscilasen, así que yo no hacía otra cosa que cambiar de opinión una y otra vez.
Para que os hagáis una idea, mi casa es un pasillo, con habitaciones a ambos lados, pero como vivo sola, apenas utilizo las dos que ocupan la zona de la derecha. La primera es bastante grande pero yo la tengo cerrada a cal y canto; nunca me gustó, apenas tiene ventilación y últimamente tiene un olor nauseabundo. No sé qué voy a hacer con ella. Creo que no tiene solución. Habría que ventilarla durante mucho tiempo para conseguir que entrara aire mínimamente respirable. Y me temo que ni por ésas.
A su lado, pero un poco más centrado, hay otro pequeño habitáculo al que no sé muy bien qué función darle en la reforma, aunque pensaba dejarlo como trastero porque mucha falta tampoco me hace, la verdad. Ya os he dicho que vivo sola y necesito poco espacio. Y además, es que a esa habitación le llegan los olores de la de al lado. Como están tan cerca…

Así que así tengo mi casa de momento, empantanada, con la obra a medias y sin visos de avanzar por ningún sitio. Ahora me han dicho que van a mandar otros albañiles a ver si consiguen que me quede más o menos contenta. Pero el caso es que no sé… Yo, la verdad, es que no tengo demasiada confianza. Me temo que al final llega el verano y seguimos con el suelo levantado y las paredes sin pintar. Y a ver qué hacemos, porque como tenga yo que ocuparme otra vez de estudiar y revisar los planos, con lo que me costó la última vez decidir entre las ideas que me presentaron, creo que voy a tirar definitivamente la toalla y aquí paz y después gloria. Qué pereza, por favor, ¡quién me mandaría meterme en obras!
Para relajarme de tanto estrés he decidido refugiarme en la lectura. Rescaté de la librería de casa una obra maestra de Valle Inclán, Luces de Bohemia. Desde que la leí en los años del instituto recuerdo que entre sus páginas se encuentra la mejor explicación de lo que el autor definió como esperpento, cuando su protagonista se ve reflejado en los espejos deformantes del callejón del Gato, en el mismo lugar en el que actualmente se encuentra una cervecería con solera, famosa por la salsa con la que aliña sus patatas bravas y tortillas. Yo no sé por qué me hice un lío y por un momento pensé que había visto esos mismos espejos en el palacio de la carrera de san Jerónimo., ése que tiene dos leones en la puerta. Pero no, aunque está muy cerca, se trata de otro lugar. Es que como yo siempre me he orientado tan mal…
*Esperpento: Concepción literaria creada por Ramón M.ª del Valle-Inclán hacia 1920, en la que se deforma la realidad acentuando sus rasgos grotescos.
Como experta en reformas traumáticas e integrales, te tengo que informar de que los pasillos son anticuallas a eliminar y que se llevan los lofts. Eso sí, cuidadito con los muros de carga. No te conformes con el ala izquierda que estoy segura de que al final te faltará espacio y una buena ventilación.
ResponderEliminarJajaja, pues tienes toda la razón, Teresita, pero es que no puedo evitar que prevalezca siempre mi lado siniestro sobre el diestro. Aunque desde luego, lo más importante son los muros de carga, no me cabe duda. Hay que ver lo frágiles que son en ocasiones...
ResponderEliminarAl final, alguna reforma tendrás que hacer, no se va a quedar todo a medias...
ResponderEliminarTeresa dice que se llevan los lofts, pero es que a mí, eso de que haya un único espacio donde se mezcle todo, no sé, me parece un poco caótico, ¿no?
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